
Prefiera el ajo de consistencia rígida, que no esté seco ni blando, presione los dientes y asegúrese que estén firmes.
Guárdelo en un lugar seco y fresco. Por ejemplo, en una canastilla o recipiente con agujeros. No lo refrigere, ni congele, ya que se echa a perder. Lo conveniente es que se conserve bien durante bastante tiempo.
Para curar resfriados, virus y bacterias utilice sólo ajos crudos. Para los otros beneficios, crudo o cocinando es igual de bueno.
No coma más de tres dientes de ajo al día, ya que puede desencadenar fiebre, vómito, diarrea o gases.

Si no le gusta el sabor o teme padecer de un aliento feroz, opte por los suplementos de ajo, que también son muy efectivos.
No importa la manera en que lo ingiera, ya sea en polvo, suplemento, crudo o cocinado, el ajo es una fuente de salud.
Ya hemos señalado que la forma en que el ajo es preparado para el consumo y la manera en que lo ingerimos son de vital importancia para su efectividad. Existen numerosos suplementos a base de ajo que se venden en forma de cápsulas. Algunas de ellas se anuncian como carentes del olor típico del ajo. Estos productos son útiles para reducir el nivel de colesterol y otros usos pero no poseen propiedades antibióticas ya que estas dependen precisamente de los compuestos que le otorgan al ajo su característico olor.

Para evitar el olor,pele los dos dientes de ajo que consumirá y córtelos en pequeñas láminas (slices), ya cortado tómelo de la manera que acostumbra, de esta forma usted no tendrá mal aliento, ni lo exudará.