El ajo es una especie herbácea perteneciente a la misma familia que las cebollas (Allium cepa) y los puerros (Allium porrum) y, aunque parezca sorprendente, a la de los espárragos (Asparagus officinalis), los lirios (Lillium) y el drago canario (Dracaena draco). Originaria de Asia Central, los chinos lo utilizan desde hace más de 4000 años. También egipcios, griegos y judíos fueron grandes consumidores de ajo.
Mide hasta 1,5 m. de altura. Hojas planas de hasta 8 mm de anchura . Flores verdosas o blanquecinas, a veces rosadas, muy poco. Espata mucho mas larga que la cabezuela. Bulbo ( cabeza de ajo )formado por una envoltura blanca dentro de la cual se encuentran varios bulbillos ( Los dientes de ajo).
Desde la antigüedad, el ajo fue apreciado como alimento por el sabor característico que le proporcionaba a las comidas y como planta medicinal. En El Codex Ebres, papiro egipcio, que data del 1550 a.C, contiene 22 menciones sobre el alto poder curativo y su aplicación en el control de cardiopatía, mordeduras, parásitos intestinales, tumores, etc.
Entre las personalidades que contribuyeron a su propagación se encuentra Alejandro Magno (320 a C), Atila (550 d C) y Gengis Khan (1200 d C). El motivo de tal difusión fue su utilidad como medicina natural y preservante de la carne y el pescado, su reducción de tamaño y las facilidades para almacenarlo.
En cambio, Hipócrates, un gran médico de la antigüedad, basó sus teorías en la observación de los hechos, recomendaba utilizar el ajo por sus cualidades medicinales, avalando así la tradición y experiencia popular.
El ajo ocupa un lugar importantísimo en la historia culinaria así como de la medicina popular y en los ritos y creencias de casi todas las religiones y de las más diversas tradiciones mágicas
A lo largo de la historia los Egipcios predicaban sobre el valor y las propiedades del ajo, los atletas olímpicos de Grecia lo masticaban antes de competir.
Todas las grandes civilizaciones tuvieron en cuenta las amplias propiedades terapéuticas del ajo. Egipcios, hebreos, sumerios, griegos y romanos, entre otros pueblos, lo consideraron primordial para alimentar y sanar el cuerpo. Como condimento en la alimentación o como remedio natural para el tratamiento de múltiples dolencias se trata pues de una de las plantas aromáticas comestibles y medicinales que recomiendan sin excepción los nutricionistas, los naturópatas y cada vez más médicos los que no se han formado por su cuenta son analfabetos en Nutrición ya que está considerado, por sobradas razones, una auténtica panacea.
Los antiguos, que no sabían de microbios, creyeron siempre que las enfermedades era el producto de espíritus malignos, y con ciertos olores trataban de ahuyentarlos. Uno de los que consideraban más poderosos era el del ajo. Estudios actuales han comprobado que en todo esto existía una gran parte de verdad por cuanto muchos microbios se mueren con el solo contacto con el olor de los ajos.
En muchas de las tumbas egipcias, se han encontrado ofrendas de este bulbo como viático para el viaje de ultratumba, que, a pesar de sus miles de años de antigüedad, no se distinguen de las variedades que se cultivan hoy en día. Es un gran benefactor de la salud.
En el XVII, la ciencia confirma sus virtudes cuando Luis Pasteurt individualiza y define con certeza la calidad antibiótica del ajo y, a inicios del siglo XX, Albert Schweitzer lo utiliza en África como remedio contra de la disentería.